Sonatas con bajo continuo
A pesar de que el bajo continuo se practica durante todo el siglo, desde 1750 va declinando sensiblemente. Había sido uno de los principios de la composición musical en el barroco, y una práctica interpretativa generalizada, a tal punto que el cifrado que empleaba es el que hoy se usa para enseñar la armonía tradicional, plasmado en el «Traité de l’harmonie réduite à ses principes naturels» de Jean-Philippe Rameau de 1722. En esta textura, una o dos voces solistas son acompañadas por una poderosa línea de bajo, sobre la cual el teclado rellena las armonías ad-libitum, generalmente con una gran parte de improvisación; su atractivo hizo que la práctica no desapareciera tan pronto como la polifonía.
La sonata a solo con continuo floreció en general por el trabajo de compositores violinistas italianos y franceses, Somis, Locatelli, Veracini, Tartini, Leclair, Gaviniès, entre otros. Algunas de estas sonatas tienen la forma y los nombres de los movimientos de la suite barroca, pero otras están compuestas en tres movimientos, lento/rápido/lento o lento/rápido/rápido generalmente, sin referencia a la suite.
Este movimiento de la sonata Op. 1 Nº 4 de Tartini es un ejemplo de la transición entre el barroco y el style galant. Si bien la majestuosidad y seriedad son elementos barrocos, la forma en que está hecha la frase es moderna. Comienza con un motivo de cuatro notas y lo repite y combina de manera que genera todo tipo de relaciones internas cuidadosamente yuxtapuestas que genera una sensación de progresión que conduce inexorablemente a un final.

La sonata a trío con bajo continuo también se fue distanciando de la suite. Muchos compositores siguieron escribiendo a la manera barroca, como Händel, Quantz y Hasse, otros entran en el style galant, principalmente Carl Philipp Emanuel Bach. Comparen su melodía y estructura con esta otra de Quantz, muy conocida por los porteños.